Para el legislador Sempé, Avila tuvo una pésima gestión al frente del IPROSS

La renuncia de la presidenta del IPROSS no es una sorpresa. Es el desenlace lógico de una gestión que advertí, cuestioné y denuncié durante más de un año, ante la FIA, sin que el Gobierno provincial hiciera absolutamente nada para corregir el rumbo.

9 de enero de 2026·2 min de lectura
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Para el legislador Sempé, Avila tuvo una pésima gestión al frente del IPROSS
Para el legislador Sempé, Avila tuvo una pésima gestión al frente del IPROSS

Desde hace tiempo vengo reclamando su renuncia. No por una cuestión personal, sino porque el IPROSS dejó de cumplir su función básica: garantizar el derecho a la salud de los trabajadores y trabajadoras del Estado rionegrino.

 Hoy la obra social provincial se transformó en una caja que recauda puntualmente, pero responde tarde, mal y nunca cuando el afiliado necesita atención.

Los empleados estatales aportan todos los meses, pero a cambio reciben una cobertura deficiente, autorizaciones eternas y un destrato constante. Los pacientes oncológicos —que deberían ser prioridad absoluta— deben atravesar verdaderas peripecias burocráticas para que la medicación llegue en tiempo y forma. En muchos casos, las autorizaciones demoran semanas, cuando la salud no espera y cada día cuenta.

Mientras tanto, la conducción del IPROSS decidió gastar cerca de 4 millones de dólares en un edificio faraónico, una muestra obscena de prioridades invertidas. A los afiliados no les cubren ni una aspirina, pero la conducción se da el lujo de una sede de primer nivel. Esa decisión política grafica con claridad de qué lado estuvieron siempre.

Pero lo más grave es la desigualdad. En Río Negro hay un IPROSS para los funcionarios y otro muy distinto para el resto de los estatales. 

La renuncia de la presidenta no alcanza. La responsabilidad es de toda la cúpula POLITICA del IPROSS y también del Poder Ejecutivo, que sostuvo esta gestión a pesar de las advertencias, los reclamos y el sufrimiento de miles de afiliados.
Basta de abusos. El IPROSS debe volver a ser una obra social al servicio de quienes la financian con su salario. Hace falta una renovación profunda, transparente y con un solo criterio: la salud de los trabajadores y trabajadoras, no los privilegios de unos pocos.

La salida de la presidenta es apenas el primer paso. Ahora tiene que renunciar toda la conducción y empezar de nuevo, con control, sensibilidad social y respeto por los afiliados.


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