Mandagaray dice estar, «triste con la pobre justicia que tenemos donde hay personas que ocupan cargos para los cuales no están capacitados»

El Superior Tribunal de Justicia anuló el fallo del Tribunal de Impugnación la pasada semana, de cuatro exfuncionarios policiales en el caso de la muerte de Gabriel Mandagaray, ocurrida durante un entrenamiento en Bahía Creek. Antonio Mandagaray, padre de la víctima, expresó su profundo dolor y cuestionó duramente el fallo.

26 de agosto de 2024·3 min de lectura
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Mandagaray dice estar, «triste con la pobre justicia que tenemos donde hay personas que ocupan cargos para los cuales no están capacitados»
Mandagaray dice estar, «triste con la pobre justicia que tenemos donde hay personas que ocupan cargos para los cuales no están capacitados»

Antonio Mandagaray, padre de Gabriel y miembro de la Policía, dialogó con Engranaje de Radio Seis para expresar su dolor y frustración ante el fallo.

“Cayo como a cualquier padre con el dolor de haber perdido un hijo. Es algo que no se puede contar ni tampoco describir. Cayó muy mal, muy triste, triste con la pobre justicia que tenemos donde hay personas que ocupan cargos para los cuales no están capacitados, lo han demostrado ayer”, expresó con profunda tristeza.

La decisión fue tomada luego de que el tribunal considerara que no se revisaron adecuadamente los agravios planteados por las defensas, y ordenó la emisión de un nuevo fallo con un análisis más profundo.

El caso Mandagaray fue un símbolo de la lucha por justicia en el ámbito policial, donde las responsabilidades penales de los imputados fueron cuestionadas tras la muerte de Gabriel. Según lo que señaló el STJ, el Tribunal de Impugnación no realizó un análisis profundo y razonado de las cuestiones legales y fácticas involucradas, lo que llevó a la anulación de las condenas por abuso de autoridad y homicidio culposo.

Antonio Mandagaray criticó duramente a los imputados, refiriéndose a ellos como “cuatro asesinos” que, desde la muerte de su hijo, viven “escondiéndose, libres en su casa y disfrutando de un sueldo que les da la Policía, porque todavía figuran como personal activo”. Este sentimiento de injusticia se amplifica por el hecho de que tanto él como su esposa también pertenecen a la Policía, lo que hace aún más dolorosa la situación.

En su relato, Mandagaray recordó la pasión de su hijo por la fuerza: “Mi hijo fue policía desde el vientre de su madre. Él amaba a la Policía, lamentablemente como en toda institución hay gente buena y mala, y hay gente que se viste de azul, pero no son policías”, subrayó, destacando el contraste entre la dedicación de su hijo y la traición que, a su juicio, sufrió por parte de «sus compañeros» que debían instruirlo.

El padre de Gabriel también denunció las condiciones inhumanas del entrenamiento, afirmando que su hijo y otros jóvenes fueron sometidos a torturas y abusos que los llevaron al límite: “Lamentablemente, le hacen creer a la gente que los grupos especiales son especiales. En este caso, estos cuatro delirantes que tuvieron una sobredosis de películas americanas llevaron a 27 jóvenes a la tortura, al hambre, al golpe, a orinarlos, a defecarlos, a hacerlos comer con las manos atadas como perro”, dijo.

La orden de dictar un nuevo fallo no solo prolongan el proceso judicial, sino que también reabren las heridas de una familia que lleva tres años buscando justicia. Antonio Mandagaray compartió la difícil realidad de aceptar la pérdida de su hijo: “Yo al principio me resistí a la idea de que mi hijo no estaba. Salía a caminar solo y me fijaba en los uniformados jóvenes, porque creía que lo iba a encontrar. Tenía esa esperanza, esa fe, de que por ahí era un sueño. No lo podía creer”, confesó.

«Uno lleva tres años esperando y que después de tantos años te digan que vuelve todo para atrás es muy duro, inentendible”, concluyó.

FUENTE: Bariloche 2000


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