La justicia debe resolver un caso de abuso sexual que incluye identidad de género
La Justicia enfrenta el doble desafío de resolver una causa de abuso sexual y el respeto por la identidad de género.


Si bien esto último no ha sido solicitado expresamente ha quedado manifestado en la audiencia: la mujer que denunció ser abusada por un compañero de trabajo se autodefine como homosexual. Es decir, abusaron de ella a pesar de esa autopercepción .
En los alegatos de cierre escuchados hoy la fiscal Paula Rodríguez Frandsen y la abogada querellante Julia Mosquera en representación de la víctima pidieron que el imputado sea declarado culpable, mientras que la defensa ejercida por los letrados Manuel Maza y Luciano Perdriel solicitaron la absolución del hombre en el beneficio de la duda.
La última palabra la tuvo la víctima quien se manifestó agradecida “por tener este lugar donde poder plantear lo que me pasó. Estar acompañada por mi abogada, la fiscal y toda esta gente que está hoy aquí -en referencia al público en su mayoría de mujeres que obligó a realizar esta audiencia en el auditorio-. Tengo fe que se hará justicia. Siento la liberación en este momento a pesar de tener que escuchar cosas horribles que justifican y manipulan. Agradecer y que se haga justicia”.
Por su parte, el imputado -cuyos datos personales, imagen y voz fueron prohibidos de publicar por el presidente del Tribunal Marcelo Alvarez- optó por el silencio al momento de ser ofrecida la oportunidad de manifestarse en el cierre de este juicio.
DOBLE VICTIMIZACION
La fiscal Paula Rodríguez Frandsen pidió al Tribunal integrado por los jueces Marcelo Alvarez, Marcelo Chironi e Ignacio Gandolfi que declaren culpable al imputado por el delito de “abuso sexual agravado por acceso carnal”.
Tras destacar que la denunciante “es una víctima doble por el hecho de abuso y por sus convicciones” en relación a que manifestó no sentir atracción por los hombres, negó la existencia del consentimiento de la mujer para mantener la relación sexual.
Respecto de los momentos previos al hecho, la fiscal relató que la chica había salido con un grupo de compañeros de trabajo incluido el imputado a un espectáculo donde tomaron alcohol y cuando dejaban el lugar el hombre le ofreció llevarla en su moto hasta su casa y ella aceptó pensando que iba más segura. “Al llegar a la vivienda la empujó y entró a la fuerza.
Una vez adentro la besó, tocó y penetró”.
Destacó que en ese momento la mujer “estaba alcoholizada y en shock y no pudo sacárselo de encima. Quedo confundida. No entendía como pudo pasarle eso. Su mente si bien no pudo negar el acto sexual, si pudo hacerlo con toda la connotación y las circunstancias que lo rodearon y por eso al día siguiente en un asado pudo decir
Tras ponderar lo señalado por peritos respecto a la negación que mantienen las víctimas sobre este tipo de hechos como un mecanismo de defensa, la fiscal destacó que la mujer siguió viendo a este hombre en el ámbito laboral soportando que “se burlara de ella y de su condición de lesbiana e incluso le devolvió en el ámbito de trabajo y frente a compañeros una bombacha que se había llevado el día del hecho cual trofeo por
Rodríguez Frandsen aseguró que “fue entonces que el muro mental que la mujer había creado para protegerse comenzó a resquebrajarse y ya no pudo seguir negando el hecho que había sufrido y que terminó de caerse en una cena en 2023 con otro grupo de compañeros de trabajo que le brindaron mayor contención. Allí contó que había sido abusada luego de una salida con consumo de alcohol .y fueron ellos quienes la alentaron a denunciar la situación o al menos hablar con las autoridades de la universidad”.
EL CONSENTIMIENTO
La abogada querellante Julia Mosquera coincidió con la fiscal en el pedido de culpabilidad y centralizó su alegato de cierre en el consentimiento al destacar que “debe ser libre, inequívoco y respetar la libertad sexual de la mujer”.
Planteó las dificultades que deben enfrentar las víctimas de abusos al contar lo vivido una y otra vez ante distintos operadores, poner su cuerpo frente a los jueces que tienen que resolver su situación y “contar intimidades y agresiones sexuales tan violentas como las que ultrajan a las mujeres de manera definitiva”.
En ese marco puntualizó que el consentimiento tiene que ser dado en el momento y no se lo puede presumir. “De ninguna manera el silencio puede entenderse como un consentimiento afirmativo”, aseguró al considerar que en este caso la víctima estaba vulnerable no solo por el alcohol consumido sino por su situación de no conocer a nadie en Viedma, no tener arraigo y “él aprovechó esas condiciones así como la falta de fuerza para resistirse. El imputado la sujetó, la amarró y la llevó a la habitación con ejercicio de la fuerza”.
También destacó el peso que deben soportar las mujeres abusadas que no sólo tienen que denunciar sino probar como fue y además tener un trauma. En este caso destacó que la denunciante fue víctima de burlas y de chistes machistas naturalizados. “Fue atacada no sólo en su intimidad sino en su identidad y el miedo la paralizó”, aseguró.
“DUDA RAZONABLE”
La defensa del imputado ejercida por Luciando Perdriel y Manuel Maza centralizó el alegato en la existencia del consentimiento, la forma jocosa de contar lo sucedido en un principio, los ocho meses de demora en denunciar, el rechazo de la víctima hacia el imputado por su accionar posterior de exponerla con la colocación de la bombacha en el escritorio laboral de ella frente a la mirada del resto, generando comentarios denigrantes por su identidad sexual.
Maza sostuvo que la resolución de este caso pasa por la existencia o no del consentimiento de parte de la víctima y basó su alegato en la duda. “No está en discusión que la víctima habla cuando puede como puede y se toma sus tiempos pero también tenemos que tener en cuenta que esto no es matemático y hay que analizar las circunstancias y la víctima”, puntualizó.
En este sentido destacó que se trata de una persona mayor al momento de los hechos instruida, educada, con toda una historia de vida y “con esto no me estoy metiendo en su elección sexual”.
Maza consideró que se trata de otra clase de víctima incluso rodeada de personas que podían contenerla y ayudarla . “Trabajaba en una universidad pública con roce con profesionales, muchos de ellos del derecho y por eso se impone analizar esto porque quien dice haber sufrido esto un 14 de agosto de 2022 recién denuncia un 29 de mayo del año siguiente, nueve meses y medio después”.
Respecto de lo denunciado recordó que la mujer dijo que fue violada por el imputado que “se dio cuenta al despertar, que lloró todo el día y que después fue a una reunión social y allí dijo
En ese marco el abogado se planteó “si es lógico que una persona que 15 horas antes había sufrido uno de los actos más aberrantes que puede padecer una persona concurra a un encuentro social donde no hay ninguna obligación de ir y manifieste lo ocurrido con un compañero de trabajo”.
Marcó contradicciones en las razones de no haber denunciado antes el hecho “por vergüenza según la mujer pero su psicóloga señaló que fue por miedo de perder el trabajo e incluso la querellante dijo que tenía miedo de perder el trabajo porque era un ambiente de machirulos, hostil, varonil pero eran compañeros de trabajo ¿quien la iba a echar si contaba?. Un temor subjetivo o irreal”.
Maza pidió resolver este caso “con la duda razonable y con lo más cercano a la verdad. Acá la certeza absoluta es que la relación se inició con conformidad de parte de la víctima”.
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