Se cumplen 20 años del primer triple crimen de Cipolletti

Hace 20 años, un domingo a la tarde, tres jóvenes cipoleñas salieron a caminar y nunca regresaron a sus casas. Aparecieron brutalmente asesinadas dos días después en la zona rural de la ciudad.

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Transcurridas dos décadas, nadie sabe con certeza quiénes ni por qué se las llevaron y las mataron. Verónica Villar y las hermanas María Emilia y Paula González son las víctimas del primer triple crimen de la ciudad, una herida que aún duele porque la impunidad que rodeó el caso impide que cicatrice.

Los rostros de las chicas volvieron a pintarse en las paredes de la ciudad en las semanas previas al aniversario. Un homenaje, un recuerdo permanente y un grito para pedir justicia a la vista de todos.

Una larga cadena de errores, pistas falsas y encubrimientos explícitos que comenzó en la propia escena en la que fueron hallados los cuerpos garantizó la impunidad de los autores. Testigos que sufrieron accidentes y periodistas amenazados por policías acusados de desviar la investigación completaron un cóctel que impidió a las familias González y Villar conocer la verdad.

Por la brutalidad del ataque y la posterior cadena de encubrimientos en la investigación, el impacto que provocó el crimen en la ciudad se convirtió poco a poco en miedo. La ciudad cambió para siempre aquella tarde de noviembre de 1997 y ni siquiera tuvo el bálsamo de una sentencia esclarecedora. En el juicio hubo dos condenados, Claudio Kielmasz y Hugo González Pino, aunque este último fue absuelto por el Superior Tribunal de Justicia y quedó en libertad.

Kielmasz, quien apareció en la causa como testigo y guió a los familiares de las víctimas hasta el arma homicida, fue entonces la única persona encarcelada por el aberrante femicidio que conmovió a toda la región. Actualmente cumple condena, pero los abogados de la querella deben recurrir periódicamente a la Justicia para evitar que le concedan la libertad.

En los tribunales de Roca estiman que la pena quedará extinguida en un par de años, mientras que las familias esperan que la reclusión perpetua a la que fue condenado sea sinónimo de “preso de por vida”, por su perfil psicópata.

LA MAÑANA DE CIPOLLETTI